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Cuando vamos caminando tan deprisa por los afanes que a diario nos rodean en la vida, olvidamos muchos de los detalles que Dios nos regala. Hoy puedes recordar que el día que decidiste creer en Jesús, recibiste la vida eterna, como dice en Juan 3:16.  Jesús trajo libertad a tu vida, una libertad que no muchos tienen el privilegio de experimentar; pero es nuestra tarea que todos escuchen de esa verdad que un día llegó a ti y le dio un giro a tu vida.

 

Seguir a Cristo nos hace llamarnos cristianos, esto va mucho más allá de ser una religión, se trata de una relación continua con Dios, y esto nos hace diferentes. Es por esto que somos un ejemplo y referente en la vida de muchas personas y nuestra tarea es ser de bendición y edificación para ellos; recordando que con nuestro testimonio podemos acercar personas a Dios o así mismo alejarlas.

 

En 1 Corintios 8 Pablo está respondiendo a una pregunta que hacía la iglesia de Corinto respecto a los alimentos ofrecidos a los ídolos. Muchos dirán que este tipo de preguntas no tiene nada que ver con lo que vive la iglesia de hoy, sin embargo, Pablo inicia diciendo que “debemos reconocer que el conocimiento nos vuelve orgullosos, mientras que el amor fortalece nuestra vida cristiana.” Muchos hoy en día se dejan llevar por el conocimiento viviendo una vida religiosa, preocupandose por temas que no son esenciales, olvidando que nuestra prioridad debe ser hablar de la verdad en amor para que muchos lleguen a conocer a Cristo.

 

Pablo aclaró que Dios es uno y la idea de cualquier otro dios es un engaño. En el versículo 7, Pablo argumenta que un ídolo no es nada en sí, sin embargo, la consciencia de alguien que ha sido envuelto en el engaño o de alguien que no conoce la verdad puede ser afectada por algunas de nuestras acciones. En los versículos 8 al 10 vemos que comer lo sacrificado a ídolos no condena al cristiano, ni tampoco abstenerse de comer le es de mérito. Dios nos ha dado libertad en Cristo, sin embargo la libertad debe ser limitada por nuestro amor a Cristo y a nuestro prójimo. Si lo que yo hago hace tropezar a una persona, debemos abstenernos por amor a Cristo, puesto que puede tratarse del destino eterno de una persona.

 

Ahora, ¿Te animas a escribir en una hoja las cosas que acostumbras a hacer que podrían ser de tropiezo para una persona que no conoce a Cristo como salvador?  Anótalas y toma la decisión de dejarlas y comenzarás a ver cómo aquellos que te rodean verán el amor de Dios reflejado en tu vida.

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